Pasé unas semanas de días muy largos y noches más largas aun, encapsulado en una fiebre algodonosa, con la sensación del tiempo acuoso y mis idas y venidas del estado febril a la realidad eran viajes alumbrantes, siempre rozando la locura.
Hubieron momentos en que no supe bien cual de los dos lugares era el real, a ello se le sumó que al quinto o sexto día mis alucinaciones producto de la fiebre me llevaron a hablar en una lengua incomprensible para mis compañeros de viaje, lo extraño es que yo recuerdo fotos de ese viaje mental por los recodos de algún paraje parecido a este pero poblado.
en la primera que recuerdo, yo me encontraba caminando por un campamento de tierra limosa, un cielo gris plomo el aire denso y pesado, no recuerdo haberle visto color o sentido olor alguno pero, sí oía niños reírse y corretear por la tierra y cuando les oía se veía el polvo levantarse, a lo lejos pude ver a la primera persona, sobre un montículo de hojas grandes muy grandes había una mujer india, de la India, sostenía sobre su regazo un bulto envuelto en una tela oscura raída y polvorienta, me miro a los ojos y no tenia expresión alguna, camine a su alrededor como escudriñándola y ella no se molestó, siempre pareció no verme aun cuando me hubo mirado a los ojos.
de allí fui chupado y desaparecí, no se bien donde estuve, la mente es un limbo, confirmo y afirmo, siempre es danza y siempre es nubes y algodones.